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Nobles y viles en la profesión y el oficio

Nobles y viles en la profesión y el oficio

Dom, 15/11/2009 – 23:26

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

Las amenazas a la libertad de expresión hoy en el Perú.

La reciente asamblea de la SIP reiteró la preocupación creciente por el incremento de las amenazas a la libertad de expresión en la región dentro de una tendencia de la que no escapa el Perú, aunque de un modo más sutil pero no por ello menos efectivo ni peligroso.

El riesgo principal proviene de ataques de gobiernos autoritarios que acusan a la prensa de instigar su desestabilización y que derivan en diversas formas de censura o autocensura.

Estas van desde el cierre arbitrario del medio que discrepa del gobierno; distribución selectiva de la publicidad estatal –y privada de las empresas que deben favores políticos–; legislación para recortar la libertad de expresión; descalificación del periodismo independiente por parte del poder; hasta la violencia criminal; lo cual ocurre en un contexto de dificultad económica que lleva al cierre de medios y despido de periodistas.

Así, las formas de censura van desde el tipo ‘a lo bestia’ hasta las más sutiles para mellar la autonomía económica del medio y, por ende, su independencia editorial. Esto puede ocurrir en medios pequeños y grandes: a mayor concentración, aumenta el interés del gobierno por presionar, lo cual conseguirá salvo que el grupo mediático se ponga los pantalones, lo cual, de paso, no es la regla sino la excepción, en la región y en el Perú.

Sin caer al nivel lamentable de ese himno a la muerte de la libertad de expresión que es Cuba, o de émulos como Venezuela, en el Perú han crecido las amenazas, como se anotó en la cita de Buenos Aires y con lo cual coincide Freedom House.

Radio Bagua es un caso notorio, pero no el único, pues en el Perú coinciden hoy dos fenómenos que mellan la expresión libre. Uno es el ya mencionado de la presión gubernamental.

El otro proviene de la propia actitud de algunos medios, y ocurre cuando el periodismo pierde respeto ante la población por mediocridad; corrupción –la ‘mermelada’ sigue en auge–; pérdida de independencia frente al poder al hacer lo que ordene su excelencia; no defender principios sino intereses y, por ejemplo, solo preocuparse de la libertad del que comparte sus ideas pero no las rivales; o actuar sin consideración por su lector/audiencia al mentir y ponerse de espaldas al interés común para servir al particular, del propietario o del poderoso.

Thomas Jefferson dijo hace tiempo que “si tuviera que elegir entre un gobierno sin periódicos, o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo segundo”. Pero hace poco leí un agregado de un columnista de The New York Times que me pareció interesante: que si los periódicos van a depender de la ayuda económica del gobierno, es mejor no tenerlos.

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